Cuando la policía de lleida descubre a un profesor de instituto sin manos en su propia casa, saben que se enfrentan a un caso extraño. después de unos meses, surgen dos víctimas más en tarragona. mientras luchaba con el peso del pasado y los remordimientos que afloran desde que comenzó este horror, siento una perversa sensación de alivio por saber que el asesino no volverá a cometer sus crímenes. ¿qué clase de ser humano puede dedicarse a amputar miembros de sus víctimas y dejarlas vivas? quizás alguien que cree que la muerte no es el peor castigo.
